"La ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida"
(Papa Francisco. Misericordiae Vultus)
La vía que une a Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no abstante el límite de nuestro pecado (Papa Francisco. Misericoriae Vultus)
Toda preparación de Dios a su pueblo alcanza su culmen en
la Santísima Virgen María, la escogida para ser la Madre del Redentor. Ella fue
preparada por el Señor de manera única y extraordinaria.
Y de la misma manera ella nos enseña y acompaña en el camino ya cercano, para recibir a Jesús en el corazón. No hay Navidad sin Jesús, él es
el centro de éstas fiestas, y quién más que María que recibió en su seno al redentor puede guiarnos a su encuentro.
Este IV domingo de Adviento la tenemos al centro de la
liturgia, en ella la contemplamos en una actitud de prontitud ante el servicio al más necesitado.
La Virgen María fue la Madre del Primer Adviento que acabó
en Belén hace veinte siglos, y es también la Madre del Segundo Adviento que
concluirá con el próximo retorno de Jesús en la gloria y nos invita a
prepararle el camino. Lo mismo que Jesús vino la primera vez por María, vendrá
de nuevo por medio de Ella.
Junto con ella sigamos clamando ¡ven Señor! ¡Ven a nuestro mundo
que necesita la paz! ¡Ven a nuestra vida que tiene sed de ti!
Estamos a muy poco tiempo para la Navidad, quizá ya estamos
con los preparativos de los regalos, cena y demás. Pero es buen momento también
para hacer un alto en nuestra vida para agradecer todo lo recibido en este año
y reconciliarnos, tanto con uno mismo, con las personas que tenemos a nuestro alrededor,
con los acontecimientos, con Dios.
Es muy sano física y espiritualmente
agradecer todos los dones recibidos durante el año, todo lo que hemos avanzado,
las nuevas relaciones, los proyectos cumplidos, los sueños logrados, el haber
superado una prueba. Al igual que es parte
de la vida misma y del proceso de aprendizaje reconocer los errores o decisiones no bien tomadas, los
momentos de roces personales o momentos de desajustes en nuestro actuar, el
pedir perdón. Todo ello, para iniciar un nuevo año con esperanzas y renovados. Si
tu corazón se anima, tu lámpara apagada puede recuperar su llama viva. Para ello
es necesario hacer gestos de reconciliación, de perdón: una actitud, una
palabra, una explicación sincera...
Así que si quieres, te propongo tres momentos fundamentales:
1.Tómate unos momentos de calma y de silencio. Trata
de aislarte un poco para reflexionar mejor
a. Saber escuchar: Escucha tu corazón ¿De qué está agradecido?
¿Qué cosas maravillosas te han sucedido? ¿Quiénes te han sostenido en tus
momentos difíciles? ¿en que situaciones concretas reconoces la mano de Dios?
b. ¿Qué vientos
han apagado llamas en ti o a tu alrededor? ¿Amistades rotas? ¿impaciencias? ¿peleas?
¿juicios apresurados? ¿descuidos? ¿De qué no me siento satisfecho?
2.- Discernir: buscar
en tu interior la voluntad de Dios sobre ti, sobre tu
familia, en tus decisiones, especialmente sobre
hechos o personas cercanas.
Escuchar lo brota sin pensarlo mucho. ¿Qué
quieres Señor de mí? ¿Qué proyectos tienes? ¿Cuáles son tus sueños para
conmigo? ¿Cuál es la vía que me puede conducir a la vida plena?
3. Comprometerse:
contigo mismo, con quienes más amas, con quienes necesitan de tu ayuda, de trata
de dar pasos a la conversión de aquello que no estás muy satisfecho, un cambio,
un interrogante, una llamada a cambiar, quizá te ayudaría recibir el sacramento
de la reconciliación. El compromiso brota por sí solo hacia el cambio personal,
hacia mi acción en el mundo.
Concluye este pequeño camino haciendo oración la experiencia,
lo que brota en tu corazón decirle a Dios ante la página en blanco que te
presenta de un nuevo año.
¿Quién soy yo
para que me visite la madre de mi Señor .
En la última semana de adviento,
contemplamos la persona de María, quien inmediatamente al saber que su prima
está en el sexto mes de embarazo se pone en camino para asistirla.
La visita de María es motivo de alegría para Isabel, en quien descubre
ya la presencia del salvador que lleva en su seno.
En este tiempo de navidad también nosotros podemos ser motivo de alegría
para otros, ya sea compartiéndoles la alegría de nuestra fe transmitiéndoles a
Jesús o bien por el simple hecho de visitarlos. Sin duda una buena actitud que
podemos aprender de María, el ser solícitos con quienes están a nuestro lado o
bien visitando a quien está solo, triste o lejano.
Visitar es una obra de misericordia, y el Papa Francisco insiste en este
Año de la Misericordia a reflexionar y poner en práctica sobre las obras de misericordia: La predicación de Jesús nos presenta estas obras
de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos
suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales: dar de comer al
hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero,
asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos. Y no
olvidemos las obras de misericordia espirituales: dar consejo al que lo
necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra, consolar al triste,
perdonar las ofensas, soportar con paciencia las personas molestas, rogar
a Dios por los vivos y por los difuntos. (MV 15)
Para esta semana te sugerimos la película:
“María
de Nazaret” (2012) de Giacomo Campiotti
La película arranca precisamente con la
Anunciación. María, una joven galilea, concibe virginalmente al Mesías, el hijo
de Dios, su marido José, un humilde carpintero, decide con todo permanecer a su
lado. Cuando César Augusto ordena que los judíos se empadronen, la pareja
emprende un viaje a Belén, dónde nace Jesús. Esta película nos permite fijarnos
en la figura de María como paradigma del Adviento, la que espera contra toda
esperanza.
En este tiempo María nos invita a dejar
hacer a Dios siendo servidores de su proyecto.
Para reflexionar y dialogar
¿Qué películas te han gustado más sobre
la figura de María? ¿Qué te ha parecido esta miniserie para la televisión?
¿Qué te parece el contraste entre María
de Nazaret y María Magdalena? ¿Qué caracteriza sus formas de amar?
Elige una disposición clave de María
para preparar la Navidad.
Continuamos nuestra preparación
camino a la Navidad.
Desde el Corazón
Desde el corazón…
comenzamos nuestra marcha
por el camino del Adviento,
por el camino de la espera,
por el camino de las buenas obras.
Jesús, sé nuestro guía en el caminar.
Jesús, desde el corazón,
preparamos nuestra mochila
con todo lo necesario
para andar por tus caminos.
Metemos en ella nuestro cariño
para repartir a los que nos encontremos,
metemos nuestra alegría
para que nadie esté triste,
metemos nuestra generosidad
para que a nadie le falte nada.
El tercer Domingo es Invitación a
la ALEGRÍA Y COMPASIÓN
Video evangelio del Domingo III:
Cuento “la Cestita de Flores”
El cuento infantil titulado
"La cestita de flores", producido por la Asociación Mundial de
Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) es un precioso cuento que narra la historia
de Miguel, un curioso niños que cogía las flores de su vecino el Abuelo
Joaquín, por un motivo muy especial. Este bonito cuento pone de manifiesto
valores como la solidaridad, la compasión, el amor a la naturaleza, el
compañerismo, el amor filial o la sensibilidad, entre otros.
ACTIVIDAD ¿Que he de hace yo?
Dobla una hoja de papel en siete partes iguales y forma con ella una especie de acordeón, escribe el día de la semana en cada cara y de debajo, lo que vas a hacer
Toda espera tiene su recompensa.
Nosotros tenemos la fortuna de encontrarnos por partida doble en esta situación de espera. Por un
lado, el gran tiempo en el que nos encontramos, como lo es la de Adviento, y en el que estamos a la espera de que nazca
nuestro Enmanuel. Así Dios nos muestra su cariño mandándonos a su
hijo; pero, por otro lado, esperamos también la pronta iniciación del Año de la Misericordia, en
la que Dios se muestra piadoso con cada uno de sus hijos.
Como
podemos comprobar Dios nos da lo mejor de Él, su enorme amor y la vez
su infinito perdón. Y, ¿qué es lo que nos pide a cambio? Absolutamente
nada. Simplemente que nos preparemos para ello, para todo lo bueno que
nos
tiene para mandar.
Por eso, al igual que cuando tenemos un gran
acontecimiento o fiesta disfrutamos cada momento y queremos que todo
este al detalle, con mayor felicidad tenemos que prepararnos para estos
dos grandes eventos que estamos a punto de vivir.
Así que cerremos los ojos por un momento y sintamos la magia de la espera de todo lo bueno que pronto nos llegará.
La mejor actitud de
espera y conversión: ¿Qué hemos de hacer nosotros?
En esta tercera semana de Adviento escucharemos en la primera y segunda
lectura una fuerte invitación a la alegría; en el Evangelio san Lucas nos
sorprende con una pregunta puesta en labios de la gente, pregunta que significa
el deseo de conversión ¿Entonces qué hacemos? A lo que Juan respondía. “El que
tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga comida que
haga lo mismo…
La respuesta de Juan bautista nos hacen tomar conciencia que la
conversión ha de manifestarse en obras concretas de caridad, solidaridad y
atención a los más necesitados; o bien, en ese cambio personal adoptando actitudes
de justicia al igual que les responde a los publicanos y a los militares“No
exijáis más de lo establecido” “No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie”
El Papa Francisco nos ha invitado
en este año de la Misericordia “podremos
realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más
contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno
dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen
en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz
porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los
pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas
heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la
misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención” (MV 15).
¿Qué hemos de hacer nosotros?
Esta semana te recomendamos la película "Prefiero el paraíso"
La película PREFIERO EL
PARAÍSO nos hará reír, nos hará llorar y lo más importante nos hará rezar, pues
tiene ese sabor de las cosas de Dios que le deja a uno hinchado el corazón
llenándole de ganas de comerse el mundo para Cristo. Como hizo Dios con San Felipe
Neri, quien con las licencias de la trama cinematográfica se nos presenta como
un ermitaño que llega a Roma queriendo partir a las Indias de misiones -deseo
que efectivamente tenía - para descubrir que sus indias estaban en Roma junto a
los niños de la calle y los menesterosos.
Mientras tenía lugar el
Concilio de Trento y comenzaba la llamada Contrarreforma, San Felipe formaba a
los más jóvenes con ternura e ironía. A la vez que los acercaba a la Liturgia,
lograba que se divirtiesen cantando y jugando en un lugar que más adelante se
convertiría en el Oratorio, que fue aprobado como congregación por el Papa
Gregorio XIII en 1575.
Sin duda alguna, uno de los personajes más conocidos del Adviento es Juan el Bautista, el primo de Jesús.
Con él nos Encontraremos este domingo, Y él nos exhorta: "Preparad el camino, Jesús llega".
En
el Adviento, la Iglesia nos pone la figura de san Juan Bautista, y con
él otra nueva imagen. Ya no se trata de preparar una tierra capaz de
acoger adecuadamente la buena semilla: se trata de
preparar un camino para que pueda, llegar a nuestra alma Jesús.
Son cuatro las órdenes, los consejos o las consignas que san Juan Bautista -y la Iglesia con él- nos da:
1.- La primera consigna de san Juan el Bautista es bajar los montes: todo
monte y toda colina sea humillada, sea volteada, bajada, desmoronada.
Y
cada uno tiene que tomar esto con mucha seriedad y ver de qué manera y
en qué forma ese orgullo -que todos tenemos- está en la propia alma y
está con mayor prestancia, para tratar en el Adviento -con la ayuda de
la gracia que hemos de pedir-, de reducirlo, moderarlo, vencerlo, ojalá
suprimirlo en cuanto sea posible, a ese orgullo que obstaculizaría el
descenso fructífero del Señor a nosotros.
2.-En
segundo lugar, Juan el Bautista nos habla de enderezar los senderos. Es
la consigna más importante: Yo soy una voz que grita en el desierto:
Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos. Y aquí tenemos,
entonces, el llamado también obligatorio a la rectitud, es decir, a
querer sincera y prácticamente sólo el bien, sólo lo que está bien, lo
que es bueno, lo que quiere Dios, lo que es conforme con la ley de Dios o
con la voluntad de Dios según nos conste de cualquier manera, lo que
significa imitarlo a Jesús y darle gusto a El, aquello que se hace
escuchando la voz interior del Espíritu Santo y de nuestra conciencia
manejada por Él.
A cada uno corresponde en este
momento ver qué es lo que hay que enderezar en la propia conducta, pero
sobre todo en la propia actitud interior para que Jesucristo Nuestro
Señor, viendo claramente nuestra buena voluntad y viéndonos humildes,
esté dispuesto a venir a nuestro interior con plenitud, o por lo menos
con abundancia de gracias.
3.- El tercer aspecto del
mensaje de san Juan el Bautista se refiere a hacer planos los caminos
abruptos, los que tienen piedras o espinas, los que punzan los pies de
los caminantes, los que impiden el camino tranquilo, sin dificultad. Y
ese llamado hace referencia a la necesidad de ser para nuestro prójimo,
precisamente, camino fácil y no obstáculo para su virtud y para su
progreso espiritual: quitar de nosotros todo aquello que molesta al
prójimo, que lo escandaliza, que lo irrita o que le dificulta de
cualquier manera el poder marchar, directa o indirectamente, hacia el
cielo.
4.- El cuarto elemento del mensaje de san Juan
Bautista es el de llenar toda hondonada, todo abismo, todo vacío. Los
caminos no sólo se construyen bajando los montes excesivos, ni sólo
enderezando los senderos torcidos, o allanando los caminos que tengan
piedras: también llenando las hondonadas o cubriendo las ausencias. Este
mensaje se refiere a la necesidad de llenar nuestras manos y nuestra
conciencia con méritos, con oraciones, con obras buenas -como hicieron
los Reyes Magos y los pastores- para poder acoger a Jesucristo con algo
que le dé gusto; no sólo con la ausencia de obstáculos o de cosas que lo
molesten, no sólo con ausencia de orgullo o con ausencia de falta de
rectitud o de dificultades en nuestra conducta para con el prójimo, sino
también positivamente con la construcción: con nuestras oraciones y con
nuestras buenas obras y un pequeño -al menos- caudal, capital de
méritos, que dé gusto al Señor cuando venga y que podamos depositar a
sus pies.
La
perspectiva de un nuevo nacimiento del Señor, en nosotros y en el mundo
tan necesitado de Él, tiene que ser objeto de una preocupación, de todo
un conjunto de sentimientos y de actos de voluntad que estén polarizados
por el deseo de poner de nuestra parte todo lo que podamos, para que el
Señor venga lo más plenamente posible sobre cada uno y sobre el mundo.
Y si esto vale siempre, se hace más exigente en las circunstancias del
mundo presente que desvirtúa precisamente lo que Jesucristo trajo con su
nacimiento. ¡Qué necesario es que pongamos todo de nuestra parte para
que Jesús venga a nosotros con renovada fuerza el día de Navidad y, a
través nuestro, sobre las personas que están cerca, sobre la Iglesia y
sobre el mundo!
Quedémonos en espíritu de
oración, fomentando en nuestro interior el deseo de que las cosas
ocurran según las intenciones y los deseos del mismo Señor.
Dejemos que sea Juan el Bautista el que nos ayude a limpiar el corazón, para que cuando venga Jesús, que es la Luz de los hombres, encienda una luz en nuestro corazón.
Queda poco para celebrar la Navidad, una de las fiestas litúrgicas más importantes de la cristiandad. Para prepararse para esta celebración, los cristianos cuentan con un tiempo muy especial, llamado Adviento, una palabra que procede del latín «adventus» y que significa venida, llegada.
Comprende los cuatro domingos anteriores a la Navidad, es decir, comienza el domingo más próximo al 30 de noviembre y se prolonga hasta el 24 de diciembre. Junto a la Pascua, es uno de los tiempos litúrgicos más fuertes y una oportunidad para la reflexión y revisión de la propia vida ante la inminente llegada del Señor.
1. Una tradición muy antigua
No se puede determinar con ningún grado de certeza cuándo se introdujo en la Iglesia por primera vez la celebración del Adviento. La preparación para la fiesta de la Navidad no se celebraba antes que existiera la fiesta misma, y no encontramos evidencia de estoantes del final del siglo IV cuando, según Duchesne (Culto Cristiano, Londres, 1904, 260), se celebraba en toda la Iglesia, por algunos el 25 de diciembre, por otros el 6 de enero.
2. Un tiempo de espera y penitencia
Durante las cuatro semanas de Adviento, la liturgia suprime una serie de elementos festivos. De esta forma, en la misa ya no se reza el Gloria, se reduce la música con instrumentos, los adornos festivos y las vestiduras del sacerdote son de color morado, que significa penitencia.
Según explica la agencia ACI, estos signos "son una manera de hacer tangible que mientras dura la peregrinación, nos falta algo para que nuestro gozo sea completo. Y es que quien espera es porque le falta algo. Cuando el Señor se haga presente en medio de su pueblo, habrá llegado la Iglesia a su fiesta completa, significada por solemnidad de la fiesta de la Navidad".
3. Las lecturas bíblicas
La primera de las semanas de Adviento está centrada en la venida del Señor al final de los tiempos. La liturgia nos invita a estar en vela, manteniendo una especial actitud de conversión. La segunda semana nos invita, por medio del Bautista a «preparar los caminos del Señor»; esto es, a mantener una actitud de permanente conversión. Jesús sigue llamándonos, pues la conversión es un camino que se recorre durante toda la vida.
La tercera semana preanuncia ya la alegría mesiánica, pues ya está cada vez más cerca el día de la venida del Señor. Finalmente, la cuarta semana ya nos habla del advenimiento del Hijo de Dios al mundo. María es figura, central, y su espera es modelo y estímulo de nuestra espera.
4. Las tres figuras del adviento
Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesia ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.
5. La solidaridad
El tiempo de Adviento es muy apropiado también para acentuar la vivencia de la caridad y solidaridad con los más necesitados.
El Papa Francisco viene de proclamar un Año Santo Extraordinario de la Misericordia, que se inaugurará el próximo día ocho de diciembre con la apertura de la Puerta Jubilar en la Basílica de san Pedro de Roma. Él nos ha pedido a todos los cristianos que durante este año pusiésemos en práctica las obras de misericordia espirituales y materiales a través de gestos y signos concretos. ¡Qué buena oportunidad para hacerlo en este tiempo de Adviento!
Seguramente, tantas veces los cristianos nos hemos desesperado en nuestra espera del Señor. Cada Adviento, año tras años, escuchamos las mismas palabras: "¡no desesperéis, el Señor está cerca! ¡El Señor está cerca, no tarda, no temáis!".
Pero la realidad es que todos los años surgen en la vida personal, en la sociedad, en el mundo, ... millones de razón para dejar de esperar y para dejar de creer en las Palabras del Señor. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no dejar de esperar y tener esperanza?
Las lecturas de este primer Domingo de Adviento mostraban que esta misma realidad la vivieron las comunidades de creyentes a la que pertenecían, por un lado, el Profeta Jeremías, tras la destrucción de Jerusalén (1ª lectura); por otro, la comunidad de Tesalónica, a la que escribe el apóstol san Pablo (2ª lectura); como, finalmente, la comunidad a la que escribe el Evangelista Luca a través de las palabras de esperanza del Señor Jesús (Evangelio).[ver comentario a las lecturas del I domingo Adviento].
El pastoralista Casiano Floristán nos da algunas claves para NO DESESPERAR y NO PERDER LA ESPERANZA:
¡ES LA ESPERANZA CRISTIANA LA QUE FORTALECE Y DA CONSISTENCIA A NUESTRA ESPERA!
1. No es lo mismo espera (lo que llega es debido al esfuerzo humano) que esperanza (lo que adviene nos sobrepasa humanamente). Pero tampoco hay que contraponerlas: la esperanza cristiana pasa a través de genuinas esperas humanas.
A veces nuestro pueblo tiene una gran esperanza y pocas esperas humanas. Los acomodados viven únicamente pendientes de las esperas cifradas en el dinero, el poder, la comodidad, etc. Los pobres y marginados esperan siempre una sociedad nueva, un reparto de bienes y de oportunidades, un reino de Dios con libertad y justicia. Esto entraña que se derrumben muchos «mundos» viejos, muchas esperas falsas.
2. Podemos distinguir tres niveles de espera, según necesidades y deseos: la espera pasiva de los no comprometidos; la espera interesada del burgués a su favor; y la espera creadora de los activos a favor del pueblo. La esperanza es el entramado de la vida. Según como esperemos, así somos: impacientes o tranquilos, afirmativos o escépticos, comprometidos o desganados. Algunos profetas de calamidades sólo ven la «mala noticia», no la «buena nueva». La persona que espera de verdad tiene confianza en el cumplimiento de las promesas de Dios.
3. Jesús esperó activamente la venida del reino. Y, porque esperaba, encontró lo esperado: una nueva vida de resucitado.
El cristiano debe esperar,
al modo de Jesús, la plenitud del reino, a pesar de los fracasos, de
los «signos» catastróficos, de «lo que se nos viene encima». Espera con
firmeza quien espera la «liberación», para lo cual es necesario tener
una actitud básica: la «vigilancia», con objeto de ver en el tiempo de
los signos los signos de los tiempos. El Evangelio no nos garantiza que
los cristianos escapemos de las desgracias, naturales o provocadas.
Nuestra existencia no es fácil. El Señor nos pide que «levantemos la
cabeza» y tengamos en cuenta que el fin de «un» mundo es preparación de
la venida del Señor.
REFLEXIÓN CRISTIANA:
¿En qué ponemos nuestras esperas y esperanzas?
¿Cómo captamos los signos de esperanza en nuestro mundo?